domingo, 10 de mayo de 2009

¿Anarquía? ¿O libertad e igualdad?

No entiendo a la sociedad hoy en día.
En realidad no entiendo nada de nada; pero es que algunos hechos escapan a toda explicación racional.
Estamos en crisis, eres pobre, y robas una barra de pan para dar de comer a tu familia; el gobierno te mete en la cárcel.
Estamos en crisis, eres rico, diriges un gran banco y estafas a tus clientes; el gobierno te da millones de euros para que no te hundas, que han pagado vía impuestos los ciudadanos: oséase, las personas a las que has estafado.
Y entre tanto caos no han tardado en aparecer los protestantes, dando guerra a gritos con la necesidad de un urgente cambio político, ya sea republicano, anarquista, o comunista.
Pero, ¿se preocupan realmente de informarse bien o de aportar información veraz en vez de hacerse eco de actitudes que se afirma que se deben de tener? ¿Hay zombificación social o liberalismo real?

Tras observarlos, me he dado cuenta de que todo va al revés. Ahora es el pobre: el trabajador, el agricultor, la cajera de supermercado, el albañil; son todos ellos los que defienden al rey y la democracia; mientras que es el hijo del rico o de clase media el que exige un cambio político urgente apoyándose en letras que ha escuchado en canciones o frases de película como "Anarquía significa sin líderes, no sin orden".
Aunque claro, otra cosa que no saben es que si no hay orden, el orden ha de imponerse. Y para eso están los policías y cárceles de las que tanto reniegan. ¿Qué clase de "orden" va a haber si un asesino vive impunemente en su chalet mientras sigue con sus ahora legítimos crímenes? No, amigos progresistas; eso no es Anarquía.
Ocurre que entre estos supuestos progresistas también van las cosas un poco raras. Defienten ideas tan diferentes y casi puestas como anarquía y comunismo, tratándolas y hablando de ellas como si fuesen lo mismo, defendiéndolas a golpe de escudo con palabras como "Libertad" e "igualdad".
Bien es sabido que el capitalismo alimenta el espectro social; y es que necesariamente si existe una clase rica ha de existir una clase pobre. ¿Pero qué libertad e igualdad hay en un sistema económico en el que sea cual sea el esfuerzo tendrás el mismo salario? Porque el único cambio sería que un médico ganaría lo mismo que un albañil, y además de que eso no es justo, el Estado te seguiría explotando.
Defienden la libertad de expresión teóricamente, porque como hables de manera diferente a la suya te discriminarán y serás tachado de facha.
Son los típicos que visten de marca; con sus zapatillas Converse o Vans, sus vaqueros, sus piercings; un peinado megaguay. Son los típicos que van en autobus o en taxi a todos lados, aunque esté a dos pasos. Son los típicos que compran lo más caro, que tienen un equipo de música de última generación en casa, una consola, un móvil caro, un ordenador con una potente conexión a Internet. Y son los típicos que cuando les dices que así están contribuyendo a la jerarquización, y la alienación de la sociedad con su elitista forma de vida te responden que "Un anarquista con bonobús sigue siendo un jodido anarquista".
Su grito de guerra es "muerte al rey", mientras hay otro tipo de parásito mucho peor que el rey: la familia real. En realidad ese es el único problema, la familia real; son los únicos que no hacen nada y ganan una barbaridad. Así que supongamos que la familia real se va y al rey se queda pero con un salario de clase media. ¿Cuál sería el problema? Les dices que por lo menos respeten al rey, argumentando que Franco le instruyó para continuar con la dictadura y que gracias a él ahora no vivimos en un Estado de represión. "Que se vaya, pero por lo menos respétalo", les dices. Y luego ellos te contestan con cosas inverosímiles y tan poco argumentativas como "Eres un puto facha".
Y claro, como les digas algo más, hecatombe. Harán uso de la violencia -en vano, porque a mí no me convencen- haciendo apología de la anarquía; sistema tan sumamente contrario a la violencia como ellos a la cultura. Y es que es eso, ellos quieren imponer la anarquía, quieren imponer su punto de vista, quieren imponer una supuesta libertad; cuando es lógico que desde el momento en el que estás imponiéndo algo pierde toda libertad.
Bien, amigos, ¿y qué hay de la religión? "La religión y la Iglesia son una puta mierda". Bueno, pues por una vez estoy de acuerdo, haciendo una puntualización: y es que ante vuestro "La Iglesia debería disolverse" argumento que no, ni soy creyente, ni me gustan sus ideas; PERO la Iglesia es una de las mayores organizaciones que más está aportando en la lucha contra la pobreza que tanto queréis erradicar.
Pero claro, para ellos todo es una conjura en la que los fascistas se están volviendo a hacer por el poder, y si opinas algo que va en su contra ya eres un "puto facha".
El problema está en el respeto; respetad y seréis respetados.
Así que bien, antes de irme, recurriré a lo que dijo un famoso anarquista, del que probablemente desconozcais, llamado Murray Rothbard:
El axioma básico de la teoría política libertaria postula que cada hombre es dueño de sí mismo, en posesión de soberanía absoluta sobre su propio cuerpo. En efecto, esto significa que nadie puede invadir o agredir justamente el cuerpo de otra persona.
Así que pensáoslo dos veces antes de tirar un huevo en una manifestación, pegar a un policía o llamar "puto facha" a alguien. Pues la anarquía es una filosofía que se opone a toda forma de inicio de coacción, no una razón por la que comportarse de manera violenta y represiva.

Si Bakunin o Proudhon levantarán cabeza probablemente dirían "Si esta es vuestra anarquía; si esta es vuestra libertad e igualdad os la podéis meter por el culo".
Nada más que añadir.

Postdata: Aclarar que no es una entrada antianarquismo, más bien va en contra de todas aquellas personas que se engloban seguidoras del concepto de anarquismo, pero que poco tiene que ver su comportamiento y razones con el propio concepto en sí.

sábado, 9 de mayo de 2009

¿Qué era ella?

Ella.
¿Qué era ella?
Realmente no os lo podría decir. Era uno de esos paradójicos casos en los que repulsión y atracción están cogidos de la mano formando un círculo en cuyo interior te encuentras tú.
Lo primero en lo que me fijé eran en sus brazos, de una perfección casi impoluta. Tenía un tatuouaje con una palabra en chino que nunca entenderé porqué se lo hizo, y creo que ni ella misma lo sabía. Creo que sería esa imperiosa necesidad de hacer algo con tu cuerpo, darle un cambio radical.
Más evidentes aún eran las marcas de cortes, que; a juzgar por su profundidad, localización, y forma; eran más del tipo consecuencia de la aversión por uno mismo o respuesta ante la frustración de algún tipo que de un real intento de suicidio.
Ella siempre cambiaba radicalmente su físico. Su ropa, su maquillaje, su pelo: todo. Aunque hubo algo que nunca consiguió cambiar: su mirada. Tenía una mirada acuosa pero bella, respaldada por aquellos penetrantes ojos azules; de una intensidad casi celestial.
Sólo me miró una vez, y sentí que se paraba el mundo. Era como si me estuviese deshinchando, pero volviéndome a hinchar con una sustancia de mayor consistencia que la anterior.
Ella nunca me miraba, sólo aquella vez. Ella miraba a todos aquellos chicos de moda, con sus camisetas Lacoste, sus perfumes, sus peinados, sus coches, y su dinero.
Nunca me miraba a mí.
Me solía quedar horas y horas mirándome al espejo preguntándome qué tenía yo que no tenían los demás, que me hacía prácticamente invisible ante sus ojos.
Yo iba en contra de toda clase de contacto social. Era casi como una enfermedad, suponía casi una enorme ansiedad traumática. Normalmente el hecho de que me ignorasen me hacía feliz; confirmaba que era exactamente tan invisible como deseaba.
Con ella no, con ella era justamente al contrario.
Tal vez la vida fuese algo más que una deprimente sucesión de imágenes oscuras y borrosas, pero a mí me había pasado la mano de cartas más asquerosa que había.
Y no, la respuesta de porqué no me miraba no me eludía; no me miraba porque era feo y no tenía absolutamente nada positivamente destacable, más bien al contrario. Era frío, áspero, distante, poco hablador, con un nulo sentido del humor, y novato en las relaciones personales.
Así que hice lo de siempre: seguir con esa misma asquerosa rutina esperando esa curiosa forma que tiene el amor de desaparecer, y entonces, sólo recordar al desconocido.
Quizá fuese lo correcto, quizá no.
De cualquier manera, ¿qué es lo correcto? Y, ¿a quién coño le importa?
Yo sólo trataba de seguir con mi vida sin defraudarme a mí mismo.